Una vez al año les pedimos algo bastante simple: disponer de media mañana para sentarse junto a su hijo o hija en el suelo. Nada de charlas ni de informes. Solo hacer, al lado de ellos, lo que hacen cada día. Suena menor. No lo es. Por unas horas, el lugar donde pasan buena parte de sus días deja de ser un mundo aparte. Les muestran dónde se mueven, cómo hacen las cosas, en qué orden y a qué ritmo. Y descubren que su madre o su padre pueden entrar en ese mundo sin apurarlos n
"Ten cuidado" es una frase abierta y confusa. No dice dónde está el riesgo. No dice qué hacer con él. No entrega ninguna herramienta. Lo único que transmite con claridad es un estado de alerta: algo aquí es peligroso y la señal de cuán peligroso viene de mí, no de ti. Repetida con frecuencia, esa frase no enseña a cuidarse. Enseña a depender de una voz externa que avise. Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿cómo va a reconocer un niño o niña un peligro real?