"Ten cuidado" es una frase abierta y confusa. No dice dónde está el riesgo. No dice qué hacer con él. No entrega ninguna herramienta. Lo único que transmite con claridad es un estado de alerta: algo aquí es peligroso y la señal de cuán peligroso viene de mí, no de ti. Repetida con frecuencia, esa frase no enseña a cuidarse. Enseña a depender de una voz externa que avise. Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿cómo va a reconocer un niño o niña un peligro real?