Durante años dimos por sentado que los hijos eran educados principalmente por sus padres, su familia y la escuela. Hoy necesitamos reconocer que existe otro actor presente durante muchas horas de su vida: los algoritmos de las redes sociales. No tienen rostro, no conocen el amor ni se preocupan por el futuro de nuestros hijos. Sin embargo, observan silenciosamente lo que miran, lo que buscan, lo que repiten y aquello que despierta su curiosidad, su miedo o su inseguridad. Con
"Ten cuidado" es una frase abierta y confusa. No dice dónde está el riesgo. No dice qué hacer con él. No entrega ninguna herramienta. Lo único que transmite con claridad es un estado de alerta: algo aquí es peligroso y la señal de cuán peligroso viene de mí, no de ti. Repetida con frecuencia, esa frase no enseña a cuidarse. Enseña a depender de una voz externa que avise. Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿cómo va a reconocer un niño o niña un peligro real?